
Hagamos un análisis de lo que
aprendemos en la escuela. Para que conste, estos pensamientos surgen
cuando una sobrina me pidió ayuda para resumir el cuento de El
niño que enloqueció de amor. Yo, pues, quedé en una pieza. Un
libro publicado en el 1915 todavía es parte del currículo de las
clases de español. Claro... ese no es nada, tomemos El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, publicado en el 1605, el cual
todavía leemos en la escuela. No estoy tratando de faltarle el
respeto o subestimar estas obras literarias. Pero... la pregunta es
¿nadie más ha escrito algo que valga la pena leer? Existen tantas
historias, cuentos, novelas que pueden ser muy llamativas para los
estudiantes. Libros de actualidad, que reflejen situaciones más
cercanas a nuestra vida. Esto resultaría interesante, y no esas
historias que para muchos son aburridas y que ni siquiera entienden.

En las ciencias aprendemos muchas cosas
interesantes, pero por otro lado, inútiles para quién no le interesan. Aprendemos desde pequeños, que la fórmula de agua es
H2O, ¡oh... muy bien! ¿De qué nos sirve este dato, si no sabemos
hacer agua? Mientras tanto mucha gente muere de sed porque aunque
saben que el H2O es agua, no saben como mezclar el oxígeno con el
hidrógeno y tener agua siempre en sus manos. Triste, ¿verdad?
Puedo seguir dando ejemplos, de por qué
la educación está mal enfocada. El que necesite saber de cálculo,
química, historia y otro sinfín de conocimientos para lograr una
carrera profesional, que la universidad se encargue de eso. Porque
los doce años que estamos en la escuela, dizque para prepararnos
para la vida universitaria, no nos ayuda mucho. Solo los grados
primarios nos prepararon para ese momento.
Así que... cambiemos las matemáticas
por aprender a ahorrar; la historia, por aprender valores humanos;
los análisis literarios, por amor a la lectura; y las ciencias, por
fórmulas para erradicar el hambre y las enfermedades.
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